Mostrando entradas con la etiqueta Arashi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arashi. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de diciembre de 2010

Vivir (Drabble)


Vivir

No sé en que momento se me ocurrió hablarte. Seguramente fue porque trabajamos en lo mismo, sin embargo te pegaste a mí, me seguías a todas partes, me mirabas curioso, y finalmente sólo podía verte como un hermano pequeño.
Una y otra vez me decías que me querías, pero sólo eras un mocoso de 16 años para mi. No eras mucho. Entonces me llamaste una vez más...
- ¡Sho!
Y ni siquiera me di cuenta cuando tu “Sakurai-san” evolucionó de ello a un “Sakurai”, “Sho-kun” y finalmente “Sho” a secas.
Hace tres años que te conocía, pero a los 16 me diste tu primer beso. A mí, ¿por qué a mí?
Finalmente te miré y supe que estaba enamorado, tu también te enteraste de eso por las múltiples señales que te daba, pero ya era demasiado tarde.
Para ese entonces tu actitud hacia mi había cambiado a una fría, y yo prendido de ti. Prendido de ese beso... un suave beso que me llenó por completo.
- MatsuJun…
Y me di cuenta que yo también evolucioné. Mi “Matsumoto-kun” pasó a “Matsumoto”, “Jun”, y luego tan cercano “MatsuJun”.
En el momento que te quise tocar tu me evitaste con una afilada mirada, y callé. Callé porque me dolió.
Comencé a enfrascarme en mi mismo, entre el estudio y el trabajo, con todo quedando de lado. Y finalmente lo comprendí, tú ya no eras el niño que me enamoró, yo no era el adolescente que me enamoré. Simplemente, ya éramos adultos.

Crecimiento (Drabble)


Crecimiento

En el momento que salimos del vientre de nuestras madres, hay un rápido crecimiento en nuestro cuerpo hasta la adolescencia, donde nuestro desarrollo poco a poco va cada vez mas lento.
No sólo nuestro cuerpo crece, si no también nuestro cerebro y con ello las funciones cognitivas de las personas. Las emociones poco a poco comienzan a formar parte de nuestra escencia.

Matsumoto había crecido en cuerpo, mente y emociones junto a sus compañeros de la agencia, y de la escuela.
En ese tiempo se encontraba muy feo, como cualquier otro chico y a la edad de trece años no entendía porque Johnny-san lo había llamado sin si quiera una audición.

Comenzó a conocer gente nueva, a los chicos que estaban allí y pronto, por lo sociable o quizás por lo ingenuo que era, comenzó a hacer amigos.

Hubo un chico en especial que captó inmediatamente su atención, un chico más alto que él (en realidad todos eran más altos que él, ya que medía 1.50 cuando llegó a la agencia.)

Ninomiya creía que aquel chico era bobo y adorable, simplemente eran las dos características de ese pequeño, y cuando quiso sacar provecho de su inocencia, le mintió, diciéndole que otro chico era su hermano, siendo que ni siquiera era su amigo.

Cuando Jun descubrió que le había mentido, se sintió tremendamente mal, y se enojó con ese tal Ninomiya pues no le gustaba que la gente le tomara el pelo de esa forma.

El tiempo pronto había pasado y Jun crecía con gran rapidez. El cambio de su voz en la adolescencia también fue notorio, y para esas alturas, había perdonado a Ninomiya-kun, sin embargo, no pudo volver a confiar en él.

Cuando cumplió 16 años, le dijeron que tendría que ir a Hawái. Estaba muy emocionado ya que siempre ponía todo su esfuerzo y a su corta edad ya había viajado a USA, eso lo hacia sentirse bien consigo mismo.

Kazunari adoraba esa sonrisa del pequeño, se había convertido en su consentido, en su adorado pequeño. Cada vez que lo encontraba solo lo andaba abrazando o algo por el estilo, sin embargo, un día se dio cuenta de lo grande que estaba Jun y lo rápido que había "crecido".
- Y-ya... no te me pegues... - Le dijo un día de aquellos.
- ¿Eh? Pero si antes solíamos abrazarnos mucho - Ninomiya fingía inocencia.
- Pero ya no me gusta que me toquen... - Jun se fue sin decir una palabra dejando a un preocupado Kazunari a sus espaldas.

Después del debut, todo ocurrió con normalidad, claro, ahora tenían más trabajo, pero eso no opacaba la amistad que tenía con el resto de los chicos.
Jun una vez más había cambiado su peinado, en ese tiempo se lo teñía poco, y luego su mirada se tornó a uno más fría y su sonrisa dejó de ser la misma.

El resto del grupo preocupado le preguntaba una y otra vez que pasaba, Matsumoto seguía negándose a hablar sobre algo, y así tuvieron que acostumbrarse a la nueva imagen de MatsuJun.

Tiempo pasó antes de que Nino pudiera acercarse nuevamente, antes que pudiera tocarlo, y pronto Matsumoto también se volvió a abrir con el resto.
- Jun...
Le llamó una vez más y la sonrisa de Jun, esa sonrisa casi perfecta, lo iluminó nuevamente. Se sentía feliz de poder estar a su lado.

Matsumoto había re-descubierto sus sentimientos por Nino, le gustaba su forma infantil de enfrentar un problema, al final de cuentas, algo de Nino había en él, y algo de él veía en Nino. Eran compatibles, tremendamente compatibles, tanto que esa compatibilidad comenzaba a asustarlo.

No supo cuando, ni como llegó a ese tipo de situación. Jun borracho, en su cama, besándolo de una forma salvaje y el mismo ayudándolo a desvestirse; sin saber quien era el de arriba o el de abajo, simplemente llegaron hasta el final de la noche, compartiendo piel con piel, compartiendo cada sentimiento, cada emoción.

Y luego, la distancia apareció nuevamente. Otra vez las barreras creadas por ellos persistían por miedo a lo que habían descubierto: una compatibilidad en la cama, una compatibilidad en el amor, una compatibilidad en todo. A fin de cuentas, estaban creciendo juntos.

El peor regalo de Navidad (One Shot)


Siempre creí que aquel tipo de cabellos negros me caería mal, pues cuando lo conocí era un estúpido vanidoso arrogante, que no pensaba en nadie más que no fuera él y su grupo de amigos… aquellos se hacían llamar Arashi.
Lo conocí un día de verano.
Era una fiesta en casa de mi padre, el embajador de un Suiza en Japón. Como era de esperarse, múltiples celebridades iban a este lugar entre ellas, un hombre japonés, de edad avanzada llamado Johnny Kitagawa.
No me enteraba mucho de las cosas pues en realidad tenía solo 18 años y lo único quería en ese momento era divertirme. De hecho, tampoco me gustaban los japoneses, los encontraba escuálidos comparados a los hombres de Suiza.
Entonces los vi, ellos estaban cantando en nuestra fiesta, y ese hombre de cabello negro y de gran sonrisa, comenzó a caerme mal en el instante que lo vi.
Por otra parte había otro más bajito que tenía una sonrisa sinceramente adorable, y otro que parecía más maduro para su edad, ese era el que rapeaba. Luego enfoqué mis ojos en el menor, o eso me pareció. Su cabello corto y peinado de un estilo parecido a un yankee me hizo reír por un momento, y había otro que se equivocaba en alguno que otro paso de la coreografía, ese me miraba a los ojos cuando cantaba y yo solamente le sonreía y lo saludaba con un asentimiento de cabeza.

El señor Kitagawa se acercó a mi junto a mi padre y los cinco chicos que antes cantaban en el pequeño escenario.
- Liliane, quiero presentarte al grupo sensación de Japón en estos momentos, ellos son Arashi.
- Un gusto – Mi sonrisa social creo que dispersó mi apatía por el pelinegro, de todas formas, ya estaba acostumbrada a ello. – Soy Liliane Bloch – Alce mi mano y los cinco se pusieron en fila.
- Satoshi Ohno – Se presentó el primero besando mi mano y sin mirar mis ojos, y se fue hacia un lado.
- Sho Sakurai – Se presentó el chico que parecía maduro, también besándome la mano y con una sonrisa en el rostro, realmente era un galán.
- Kazunari Ninomiya – Otro beso a mi mano fue otorgado, esta vez por un chico con una sonrisa adorable, estaba segura que en su interior se encontraba un hermoso ser.
- Masaki Aiba – Era el cuarto y el penúltimo, besó mi mano como los demás y miró mis ojos con una coqueta sonrisa. Al final solo le pude contestar con una sonrisa de igual manera.
- Jun Matsumoto – Se presentó el ultimo besando mi mano, con una sonrisa de medio lado, y una mirada arrogante.
- Un gusto – Mi sonrisa social seguía permanente, no iba a dejar que ese chico me molestase.

La fiesta ese día transcurrió con normalidad. Yo conversaba con algunos, y con otros simplemente me sonreía, teniendo la imagen de “una buena chica” frente a una sociedad japonesa.

Después de ese primer encuentro vinieron muchos más. Fui invitada a múltiples fiestas, de artistas, otros hijos de embajadores, y la mayoría de las veces ellos también se encontraban en el lugar. A veces era dos, otras veces tres y otras veces los cinco, pero quien nunca faltaba a mis encuentros era el señor apodado como “MatsuJun”

No se en que momento nos acercamos a hablarnos, me parece que fue para mi cumpleaños, en marzo, cuando mi padre les pidió que cantaran para mi. Ahora cumplía 21, y sabía que ellos aun me miraban como si fuera una niña.
Al bailar con ellos comencé a conocer sus personalidades. Sho era serio con las cosas, y se cohibía con facilidad, en cierta forma me parecía tierno el como trataba de hacer las cosas a su modo y siempre tenía algún inconveniente.
Nino, comencé a llamarlo Nino por la costumbre que los demás tenían. El era mas bien reservado, sin embargo alegre, alegremente negro. No podía dejar ese sentido del humor de lado, era un pequeño diablillo después de todo, pero, con un alma gigante.
Ohno era reservado, no hablaba mucho pero observaba bien, después de un tiempo me di cuenta que era una persona que se preocupaba por los demás y se confundía con facilidad, ello le generaba problemas, por eso comencé a ayudarlo con su vida amorosa.
Masaki era un chico lleno de vitalidad y alegre, a veces hipócrita y tratando de sacar un lado genial que realmente no tiene, ese chico realmente me hace reír.
Y Jun, pues Jun era el tipo de persona que se enamora con facilidad, que se apega a esa persona de la que se enamora y hace hasta lo imposible por arreglar horarios para que coincidan, ese tipo de persona, preocupada, y tan persistente en la conquista me hizo dudar y me hizo darme cuenta después de unos meses que me gustaba.

A veces salía con uno o con otro, y por alguna razón siempre me preguntaban acerca de lo que debían hacer con cierta chica.
Así fue como me enteré de que Sho salía con Maki, aunque a ella le gustaba otra persona, me enteré que Ohno era un mujeriego y que sólo se había enamorado una vez. Que Nino había terminado con su novia y que se veía a escondidas con su amante, y que Jun…
- Estoy liado con una mujer mayor, es casada. – Me cayó como un balde de agua fría.

Me había sacado a beber helado cuando me lo dijo, y allí, ya no podía ser racional, ni siquiera podía sostenerme en pie, por lo que tuve que sentarme para digerir la información, y de paso el sabor del helado.
- ¿Y quieres que te diga algo? – Oculté mi tristeza tras una sonrisa fingida, pues en realidad me dolía demasiado.
- Sip, veras… ella ha pedido permiso en su trabajo y vendrá para navidad, y no sé que regalarle.
- Un collar, las mujeres aman las joyas – Le respondí sin mas, sin siquiera mirarlo.
- Pero un collar es muy común – Respondió mirando la hora.
- Hum… ya que eres artista, ¿por qué no le escribes una canción? – Sugerí como idea aun tomando mi helado sin desviar mi mirada de una tienda de ropa, sin ver nada exactamente.
- Eso no quiero volver a hacerlo, ya sabes… mucho lio, poco tiempo… y…
- Y no tienes cabeza para ello, lo entiendo a la perfección. – Reí un poco ante la mirada atónita de mi amigo. – Hazle algo, una cajita para que guarde sus cosas, a veces eso agrada mas, porque vez la sensibilidad en ese hombre especial.

Jun se me quedó mirando un momento, y luego me pidió ayuda para crear ese “joyero” hecho por sus manos.
Me dolía, me seguía doliendo pensar que aquellas manos que tantas veces tomé, harían un regalo para esa persona que no lo merecía en realidad. Jun prácticamente, era un pequeño al lado de esa señora.

Nos fuimos a su departamento y comencé a buscar cajas y materiales que el podía tener, como género y algodón con algo de hilo y aguja.
Le di las instrucciones a Jun para que hiciera una cajita de un tamaño considerable, mientras yo medía el género y lo cocía.
- Creo que la canción era mejor –Rió a modo de broma y me puso la mano en el hombro, para después abrazarme. – Ya acabé.
- Yo también – Le tome la mano y le pasé la tela. – Aquí tienes – Era una tela de un hermoso color morado, de terciopelo, realmente me gustaba, pero no era para mi.

El regalo estuvo listo por fin el día 24 en la tarde, y ese mismo día yo daría una fiesta en mi casa.
Estaba ansiosa, pues todos irían, desde los chicos de la agencia Johnnys hasta los actores mas reconocidos, e hijos de ministros.
Hubo una cena, un pastel, y hasta fuegos artificiales.
Habíamos jugado entre algunos al amigo secreto. Nos reunimos en el segundo piso, en un cuarto que solo tenía una alfombra e hice que los invitados se sentaran en unos cojines.
Me había tocado Yuu Shirota, al que le regalé una carta de la amistad. No es que no fuera de las que gastan, sólo no me parece que el dinero fuese lo más importante, pero como en Japón todo es distinto y la navidad no es más que comercio, le regalé una bufanda en azul y gris.
Mi amigo secreto era Sho, y agradecía que hubiese sido el. Cuando vi la caja y los pendientes, casi no me lo creo, porque eran bonitos, y caros, incluso medio un poco de pena recibirle.
A Jun le había tocado Masami. A ella le compró el collar que originalmente le iba a comprar a su novia.
Y el amigo secreto de Jun era Kazuya Kamenashi. Me sorprendió que le regalara una camisa, y más una vistosa, supongo que Kamenashi fue el único que se dio cuenta de lo mal que se vestía Jun.

Las doce campanas sonaron y cada uno comenzó a abrir los regalos que estaban bajo el árbol, y así nos ocupamos hasta las 2 de la mañana, momento en el cual muchos fueron a los cocteles, a tomarse una copa o simplemente fumarse un cigarrillo, por lo que todos estaban dispersos por la casona.

Bajé las escaleras para poder buscar a Jun, y cerca de ellas, al lado del gran ventanal estaba el con su mujer.”Su mujer”. El dolor en mi seguía incesante.
Miré hacia donde estaban, sentándome en las escaleras, escondida detrás de la gran maseta que me cubría.

- Yo…te hice esto….
- ¿Eso? ¿Para que voy a querer yo eso?
- Es un regalo de navidad… - De pronto vi en Jun un rostro decepcionado, y mi corazón se encogió.
- No lo quiero, Jun… la verdad es que solo vine a una cosa a esta fiesta, la verdad es… que aun eres un niño, no puedo estar contigo. Tengo mis hijos, y mi marido, lo siento – Acarició la mejilla de Jun y le dio un beso –De verdad no podemos seguir así.
- Si eso es lo que quieres – Jun fijó su mirada en el suelo y apretó sus puños, estaba segura que se echaría a llorar – Entonces está bien, terminemos.

Vi como mi amigo se daba media vuelta, aun con la cajita en su mano derecha y con la cabeza en alto.
No podía más, tenía que seguirlo. Miré horrible a aquella mujer y salí corriendo tras Jun. Pensé en hablarle en ese momento, pero me arrepentí cuando vi que seguía caminando hasta el final del patio.
Había un cuarto vació en ese patio y se metió dentro.
Lo seguí con cuidado e incluso me apoyé en la puerta. Desde afuera escuchaba los sollozos y mis propias lágrimas comenzaron a salir.
No pude hacer nada, el día que se supone sería uno feliz para la persona que me gustaba se convirtió en uno fatídico.
Siempre pensé que este chico pelinegro me caería mal, pero… sin quererlo, terminó siendo un amor de los que no se olvidan.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Apego (One Shot)

Arashi,Sakumoto



Apego 


“Siempre he pensado que Sho es diferente al resto de la gente, será porque es muy esforzado por las cosas que hace, en su trabajo, antes en la escuela, da el máximo de su esfuerzo, y sin embargo, me hace sentir inferior en muchos sentidos, sinceramente... me gusta pero lo envidio"

Se dice que el bebé tiene su primer apego con su cuidador, aquel que satisface sus necesidades biológicas y de ello surge el primer indicio de sentimiento, al menos en los mamíferos.
Al existir distintos tipos de apego, también existen derivados de personas que los tienen, un apego evitativo es aquel donde posteriormente la persona evitara decir lo que piensa realmente y genera autosuficiencia al no depender de otros, el apego ambivalente, se da cuando el cuidador satisface las necesidades del niño pero a veces no las satisface, entonces la persona genera sentimientos de amor y odio por estos casos, y el tercer tipo de apego es uno desorganizado, donde los padres son enfermos mentales, y definitivamente le proyectan eso a su infante...
Jun tenía un apego ambivalente, con todas las figuras de apego que tenía, Johnny-san, profesores, amigos, familia, con todas aquellas personas, el tenía un sentimiento de que si bien las quería, también en algún momento llegaba a odiarlas.
El sentimiento que había desarrollado por Sho en un inicio era un cariño, pero luego se fue dando cuenta de que las mismas virtudes que le gustaban, también las envidiaba, generándole un odio frente a ello, pero claro, eso era un secreto que nadie debía saber.

El ensayo estaba a punto de comenzar, y Sho todavía no llegaba, la impaciencia de Jun hacía que estuviese de mal humor, impaciente, y que se viera de alguna manera consternado.
- Jun, cálmate, seguramente se atrasó.
- Si, se atraso, el sabe perfectamente a la hora que tenemos que juntarnos para el ensayo, no podemos retrasarnos más por el. – Dijo sin más arrugando la nariz, mirando a los otros tres. – Vamos, hay que ensayar.
- Pero Sho-chan se quedará atrás… - Le miró Aiba pero Jun ni se inmutó.
- El es el que está llegando tarde, se lo merece, vamos…

Nino no estaba de acuerdo con la posición de Jun, pero era el, tan estricto con el trabajo, y en cierta parte le comprendía, no podían estarse atrasando por Sho, de repente codeó a Ohno acercándose a el.
- Haz algo – Le susurró al oído pero Ohno le miró extrañado, a lo que Nino pellizcó un costado de él - ¿Eres el líder no? Haz algo con el…
- ¡Ittai!... ¿y qué quieres que haga? – Sólo consiguió que Nino lo zapeara y se alejara de el, viendo como Jun tomaba la letra y comenzaba a hacer vocalización esperando que los demás lo siguieran.

Se acercó a Jun despacio, viendo como Aiba y Kazunari salían de la habitación, dejándole el trabajo duro.
- Jun…
- ¿Qué? – Ni siquiera le miró, sólo siguió metido en la vocalización.
- Maa… ¿no crees que a veces tu personalidad se pasa un poco de lo “normal”? – Jun lo miró, era la primera vez que Ohno le decía algo que le había herido. Lo miró y se levantó, agarrándolo de su camisa, en lo que Sho entraba en la habitación.
- Jun, ¿Qué estás haciendo? – Sho se acercó, ya sabía de esos arranques de ira por parte de su compañero, viéndolo de reojo, finalmente abrazándolo por detrás. – Ne… Vamos, deja a Ohno-san, y dime, ¿por qué estás tan molesto?

Jun dejó a Ohno se volteó para quitar bruscamente los brazos de Sho de su cuerpo.
- ¡Llegas tarde! – Le reclamó viéndolo casi furioso, tratando de calmarse.
- Ya lo se, no tienes porque estar enojado – Aquellas pataletas en Jun eran comunes, a esas alturas de la vida, por lo que no se sorprendió mucho que estuviera tan molesto.

Pronto comenzaron nuevamente los cinco con la vocalización, entonando cada letra al unísono, mientras Sho echaba miradas de reojo a aquella persona de cabellos negros azabache.
Cuando por fin se dio cuenta de las miraditas que le pegaba Sho, paró el canto lirico que hacía.
- ¿Qué? – Preguntó el pelinegro.
- Nada, no te gusta que te toquen así que es mejor mirarte no? – Dijo Sho con cierto sarcasmo en sus palabras.

Aiba, Nino y Ohno se miraron entre si, sabiendo un poco que Jun explotaría en cualquier momento y su faceta de DO-S saldría a colación.
- Tengo que ir al baño un momento. – Dijo Aiba saliendo.
- Tengo que… - Aiba se había robado la idea de Nino – … ir a buscar mi guitarra… y Oh-chan me acompaña, volvemos luego ne?
- Hai… - Dijo Sho mirando a los ojos de Jun, tocándole el hombro a este.

Jun desvió la mirada, dejando que el otro le tocase, aquel ser perfecto que amaba, que envidiaba, no podía evitarlo.
- Jun… - Dijo un calmo Sho acercándose mas a el acariciando su mejilla. – Estas raro, ¿te pasa algo?
- No, no es nada – Retiró la mano de Sho y se sentó en el sofá donde se encontraban los bolsos.
- Últimamente te enojas por lo que sea - Se acercó y se inclinó hasta donde estaba el otro.
- Te he dicho que no es nada. – Lo miró a los ojos, tan cerca, tan cerca y sin poder tocarlo, besarlo, se volvía una incesante tortura.
- MatsuJun… mírame – Jun sólo desvió nuevamente la mirada, un tanto sonrojado, y Sho, no pudo mas que enternecerse de la escena.
- No quiero – Tal cual niño berrinchudo

Sho suspiró, no podía creer que le gustara aquella persona enfrente de el, no solo ahora, cuando era un lindo y tierno Jun-kun también. Buscó su mirada con su rostro y le volteó la cara con su mano, una mano gentil.
- Jun… -No pudo aguantar más y le dio un tierno beso en sus labios – Me gustas…
- ¿He? – Lo miró desconcertado y de pronto fue atrapado nuevamente por los labios de Sho.

Jun no pudo contener a sus impulsos, tomó a Sho por la nuca y comenzó a mover sus labios, su lengua entrando en aquella cavidad que era tan deseada, incluso en sus más oscuros secretos.
Las manos de Sho acariciaban las piernas del pelinegro, paseándolas por sus piernas, luego en su cadera, tanteando cada parte a lo que Jun dejaba emitir suaves suspiros, aquellos suspiros que jamás pensó, jamás se cruzó por su mente estar entre los brazos de Sho, que le acogiera de tal forma, tan distinto de sus sucios sueños.
- Nhg… Sho… - Otro suspiros de sus labios y sus manos comenzaron a tantear el fornido pecho de Sho, ese cuerpo que lo encontraba casi perfecto. – Sho, no… estamos… -Aquellas palabra fueron tapizadas por un fogoso beso.

La lengua de Sakurai iba bajando hasta el cuello de Jun, mordiendo un tanto suave, comenzando a abrir esa camisa que tenía y acariciar los pezones de este que ya estaban erectos.
Matsumoto se dejaba llevar como el agua, entre las manos del rapero, cerrando sus ojos, de pronto sintiéndose excitado cuando miró hacia abajo y la cabeza de Sho estaba entre sus piernas.
La boca de Sakurai se abrió, mordiendo suavemente el miembro de Jun que comenzaba a notar erecto, dándole suaves caricias por sobre la ropa.

La puerta de pronto se abrió, haciendo que ambos chicos sonrojados y acalorados se separasen mas que rápido, entonces vieron como Aiba les daba un choque a la realidad.
Jun maldijo a Aiba internamente, ahora tenía una erección, y por si fuera poco, maldijo a Sho porque esa erección era culpa de el.
Se arregló y tomó un abrigo para disimular aquel bulto en su entrepierna, pronto poniéndose incómodo.

Los demás chicos no demoraron en llegar y entonces nuevamente al ensayo. La guitarra de Nino los acompañaba, mientras estaban todos en la mesa, cantando y ensayando lo que seria su próximo concierto.

Jun sintió como una mano en su dura entrepierna, y al mirar al lado, sólo vio a un despreocupado Sho, cantando como si nada, con una cara de aburrimiento a mas no poder.
- Jun, tu parte… - Le dijo Ohno pero Jun estaba mas concentrado en su venganza con Sho. – Jun, tu parte – Le repitió su líder.
- Ah… claro… - Cantó su parte con gran dificultad, mientras la mano de Sho con agilidad desabrochaba su cinturón, luego desabotonó el pantalón finalmente llegando a los interiores, el cual bajó tanteando el bello púbico.

De pronto le tocaba el rap a Sho el cual rapeó como normalmente lo hacía, con cada frase cada estrofa, cada vez más rápido y así siguieron con el coro de la canción.

Jun estaba un tanto sorprendido de la hipocresía de Sho, como podía tocarlo de aquella forma y rapear tan bien, realmente aquel ser bello y perfecto, seguía siendo eso, bello y perfecto, y comenzaba a odiarlo.

La mano de Sho aprisionó el miembro de Jun, llevando su prepucio hacia atrás, masajeando en la base, y Jun comenzando a sonrojarse cada vez mas, ósea, enfrente de sus compañeros, ¿Qué rayos intentaba Sho?.
La mano de Sakurai comenzó a moverse, ágil por sobre la extensión de Jun, el otro apretando sus labios para no gemir.
Ohno comenzó a notar lo sonrojado que estaba Jun, y sus ojos brillantes, creyó haber visto esa expresión antes.
- Jun, ¿estas bien? – Le preguntó parando todo el ensayo.
- Ah… - Asintió pero realmente no estaba nada de bien.

La mano de Sho comenzó a apretar el miembro su índice acariciando el orificio de la uretra sonriendo a Jun.
- Creo que el se encuentra más que bien.

Lo mataría, mataría a Sho por decir aquello, definitivamente no podía creer que estaba enamorado de un ser tan horrendo como el.
- Oh, bien, Jun-chan, si no te sientes bien, nos dices…
- NO ME SIENTO BIEN – Casi gritó en su desesperación, pues aunque lo negara, Sho le estaba dando solo una mano, y era una mano increíble.
- ¿He? – Sho sacó la mano de allí, aun no terminaba. – Ven, vamos a la enfermería, seguramente tienes temperatura,

Eran obvias las frases de sarcasmo de Sho, y podía ver esa pequeña sonrisa en sus labios, quería ahórcalo, matarlo ahí mismo, y pronto fue llevado por la misma mano que lo tocaba hacia los baños.
- Por que hiciste eso?!
- Porque lo necesitabas no? – Le respondió Sho tranquilo.
- Que lo necesitaba?! QUE LO NECESITABA?! – Se encerró con Sho en una de las cabinas, besándolo abruptamente quedando todo de lado, pronto acariciando el falo de Sho, estaba tan o mas excitado que el.

Ambos se toquetearon sus partes, comenzaron a masturbarse, incluso juntando sus miembros, pero la libido pudo mas que ellos.
Los pantalones de Jun y los de Sho fueron bajados por completo, punteándose entre ellos, ahora la lucha era de quien debía entrar en quien.
Los besos eran repartidos entre las caricias entre los gemidos, los suspiros de placer de cada uno, y de pronto las manos de Jun llegaron al trasero de Sho, y las de Sho a las pompas de Jun.
Ambos colando sus dedos en aquellos interiores, ambos tomando el miembro del contrario, eran penetrados, eran masturbados por la persona que los hacía gemir con una pasión desmedida.
- Ah… Jun… Dios!... – Gemía Sho entre los labios de Matsumoto.
- Nhg… Sho… puede entrar alguien, cállate – Le besó.

Enredaron sus lenguas una vez más mientras sus dedos se movían con maestría.
- Ah… Sho, sácalo… saca tus dedos… quiero penetrarte – Le gimió en el oído.
- Ah… yo también… saca los tuyos. – Sho lo miraba con los ojos entrecerrados.

No podían decidirse por quien debía entrar en quien pero ya a Jun no le importaba mucho, sacó sus dedos y esperó que Sho hiciera lo mismo, poniéndose de espalda y apoyando sus manos en la pared.
- Hazlo ya! – Le dijo autoritario. – Esto es vergonzoso.

Sho tan obediente puso su miembro en aquel cálido y estrecho interior, para nadie era un secreto que le encantaba la forma del cuerpo de Jun, esa espalda ancha, de cintura y cadera angosta, y esa cara con un toque extranjero en ella, tanto tiempo esperando entrar en aquel interior.
Su cadera se empezó a mover frenéticamente mientras ponía una mano en la boca de Jun, que estimulaba su lengua con los dedos de Sho, lamiéndolos, chupándolo, succionándolos, casi imaginando que era el falo que su ano se estaba tragando.

Sho sentía que aquellas lamidas lo estimulaban aun más, sintiendo como cada vena bombeaba mas a su pene, moviendo su cadera una y otra vez, embistiendo fuertemente al menor, el cual seguía acallando gemidos con los dedos de Sho.

El orgasmo no demoró y pronto Jun se corrió en su propia mano, arqueando su espalda, cerrando sus ojos, con ese sonrojo en sus mejillas, apretando casi por completo su interior.
- Ah… Jun!... – Dijo Sho en su oído lamiéndolo, llevando su mano al miembro de Jun atrapando aquella sustancia blanquecina, lechosa entre sus dedos, llevándolo a sus labios, probando aquel interior.

Dio unas cuantas embestidas más al interior de Jun cuando por fin pudo llenarlo con su semen, sacando su miembro ahora flácido casi al instante, viendo como su propio semen escurría en las piernas de Jun, se veía tan erótico, tan sensual, que podría haberlo cogido nuevamente.

Recuperaron la respiración, Jun sacando papel higiénico para limpiarse, pero Sho le dio u uso mejor a su lengua incesante, lamiendo cada parte que había sido manchada, pasando un papel.
- Nhg… Sho, no… - Veía que Jun nuevamente se excitaría.
- No te preocupes, mira la hora… - Le mostró su reloj, era lo bastante tarde, seguramente la mayoría de los Johnny`s se habrían ido a su casa, y el ensayo había sido mandado a la mierda por follar.
- Ah… me las pagaras…! – Dijo Jun mientras la lengua de Sho comenzaba a despertarlo nuevamente, poniéndolo duro.

Sin decir nada, un bastante furioso Jun se compuso, pescando a Sho de las muñecas besándolo hambrientamente pegándolo a la pared, mientras sus dedos se colaron en el, nuevamente ensanchando aquel interior.
- T-te odio – Le dijo Jun entre un beso desesperado por parte Sho, mientras el otro ahora gemía sin tapujos, sabiendo que nadie estaría por los pasillos de la agencia.
- Ah… yo no… - Le miró un tanto sonrojando, empujando la mano los dedos de Jun a su interior.

Ambos cuerpos cayeron al suelo, Matsumoto sobre Sakurai, ondeaba su cadera, punteando en el orificio de Sho, y este solo echando suspiros, Gimiendo cuando de golpe sintió todo el falo de Jun llenando su esfínter.
- AH! Matsumoto!... – Cerro los ojos y apretó los dientes, encorvándose, de pronto Jun comenzaba a moverse.

Una y otra vez el ano de Sho se tragaba todo su miembro, sus manos llegaron a apretar las tetillas de Sho, el cual gimió nuevamente, y luego una mano estaba masturbándolo, apretando un poco en la punta, siguiendo con sus dedos hasta los testículos del chico.
Sho sentía que se moría, se moría de placer al ser penetrado por Jun, el sentirle tan cerca, fusionándose con el, y Matsumoto sacando esa faceta de DO-S incluso en el sexo, le encantaba, simplemente le fascinaba.
El rapero movió su cadera al contrario de Jun, sintiendo como la piel de ambos chocaba, como esa fusión lo quemaba y lo hacía jadear, por más silencio que se sintiera. Las pieles se golpeaban una contra la otra, incluso aquel sonido, aquel olor, era capaz de embriagarlos.

Jun apretó suavemente el miembro de Sho, impidiendo que este se corriese, el otro poniendo los ojos llorosos, quería liberarse.
- Ahh JUN! – Le reprochó entre gemido.
- Ahh…. Ahh…. Aun no… - Le dijo caliente a su oído, y cuando por fin sabía que iba a venirse, liberó a Sho, ahora ambos saciándose de la sustancia de ambos.
Todo terminó en un fogoso beso, uno caliente, y pronto se dieron cuenta que 10 años era mucho esperar, pero ahora eran ellos mismos, quizás antes, no estaban listos, aun así, Jun seguiría odiando a aquel ser perfecto que amaba en su interior.